miércoles, 29 de febrero de 2012

LA LÍNEA

Llevaba una camisa a cuadros tres tallas más grande a modo de vestido, un cinturón y unas botas UGG para cobijar sus pies del frío. La camisa era de su hermano Alexandre, hacía dos años que no se veían. Solía mitigar sus remordimientos pensando en que las distancias se hacen irremediablemente más largas con el paso del tiempo, de las rutinas, del transcurrir de la vida. Así que era normal que no tuvieran la misma relación de hermanos que antes, sobretodo después de la muerte de su madre.
Lea se encontraba sentada en la alfombra que estaba delante de la chimenea, en una cabaña en mitad del bosque, un refugio idílico, rodeada de árboles infinitos, asilada del mundo. El silencio de aquel paraíso sólo lo rompía una melodía cálida de jazz. Necesitaba desconectar de su horrible trabajo de contable, volver a sentirse humana y no una depredadora financiera recién divorciada y hundida. El ruido de una copa estrellándose contra el suelo la sobresaltó sobremanera, después se echó a reír ante aquella reacción infantil. Su amigo Hugo también se rió ante su torpeza, a esas alturas de la noche ya no sabía si eran los nervios ante la inquietante camisa de Lea o que ya iban por la segunda botella de lambrusco. Ella le vio sonreír y se le iluminó el rostro. Había algo especial entre ellos, era un vinculo tan auténtico que a veces no sabían cómo manejarlo. Se procesaban una amistad que iba más allá del pañuelo de lágrimas, de curarse las heridas, del “te quiero” escondido tras una sonrisa mientras tarareaban esa canción que tanto les gustaba… La última vela estaba a punto de consumirse y tan sólo quedaban unas pocas brasas danzando provocativas, haciendo que el ambiente fuese sensualmente cada vez más denso. Lea añadió más leña al tentador fuego y encendió más velas, Hugo dejó de llenar su copa. El amanecer llegó con calma y miles de intenciones desaparecieron con los primeros rayos de sol.
Probablemente pasarán años y puede que todo siga igual, alimentando esa complicidad y el pacto no escrito de no traspasar la línea que separa la amistad de la tragedia. Continuarán con sus vidas ajetreadas, se esfumarán los días con muchas cosas por hacer pero ya pocas cosas que aprender. Así llegará el día en el que pueda que se arrepientan de no haberse dejado llevar a terrenos desconocidos, de no haberse atrevido a cruzar las arenas movedizas más allá de la amistad entre un hombre y una mujer.

V.A.A

2 comentarios:

JOAN dijo...

Dios!! Es muy bonito este texto, te ha salido de maravilla, tiente muxos trozos realmente increibles!

A veces el miedo nos paraliza, nos convierte en personages asustados q huyen sin dirección por el miedo a fracasar. Quizá algun día, pero, entierren el temor y el mundo se calle en el dulce instante que sus labios se toquen ;)

Un abrazo!!

LUCIERNAGAS DE CIUDAD dijo...

Gracias Joan por tu comentario, es hermoso lo que escribiste!

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